Es 1945. Cao Yuehua y Wang Deyi caminan de la mano emocionados hasta el final de los peldaños de un antiguo parque de China; luego, ambos se paran unos instantes para posar frente al lente de la cámara fotográfica que retratará la elegancia con la que fueron vestidos para la ocasión.
En esa misma atmósfera, las flores acompañan a estos personajes para cumplir su función de testigos; ya no importa la presencia de la humanidad, ellos solo piensan en entregarse las emociones más sinceras, porque son fieles creyentes del amor eterno.
Pasaron 70 años y es 2015, con 98 años de edad, vuelven a entrelazar sus dedos para caminar por la misma senda que los llevó a tocar la cúspide del amor.




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