«Carta de un padre a su hija», por el Irredento urbanita

«Nunca seré el padre perfecto, tampoco quiero, nunca podría»

Padre e hija

Hace tiempo que intento escribirte esta carta, hoy lo he decidido, y muero de miedo al comenzarla. Es irónico, pero, muchas veces he contado historias, ficticias o reales, he enredado a la gente mintiéndole acerca de la veracidad de lo que contaba. He disfrazado escenas que me sucedieron de manera intensa, cruda, apasionada, dolorosa, con un velo de ficción. Esa ha sido mi coartada, “Val ¿de verdad te sucedió éso con esa chica?” y yo, “Nada que ver, no soy tan tonto, todo es ficción, espera mi próxima entrega el lunes, ésa si será real”.

Pero contigo todo es distinto, es de otra dimensión, tanto que tengo vergüenza de no estar a la altura, por eso tenía miedo de escribirte, pero al fin me acomodé el jean, me acurruqué dos cojines en la espalda y extendí los pies bajo la portátil. Tu padre es del siglo pasado, nació en el siglo pasado pero disfrutó de lo mejor de su vida en este.

Haces de buen modo incluso aquello que haces mal. Hoy, después de tu segundo cumpleaños, te rayaste, querías comer un caramelo pero por temor a que te atragantes tu madre no te permitió ni saborearlo, gritaste como si tu vida dependiera de ello. Te cargué, hablé contigo, tú seguías llorando, te mostré las fotos que te había estado tomando en mi cámara, luego tu madre te trajo chicha morada en un biberón, la bebiste, comenzaste a calmarte, te entregué a sus brazos, te di un beso y me despedí y me fui a casa con mi padre.

Cuando me preguntan qué se siente ser padre, digo que yo soy tú, vivo en tu sonrisa y en tus lágrimas, cada sonrisa tuya causa en mí el doble de felicidad y cada lágrima tuya causa en mí el doble del dolor que sufres tú. Me cuesta decirte que “no” a algunas cosas, pero lo hago porque te amo. Una vez leí de un tipo que sabía mucho que la palabra más bella del mundo es NO. Lo entenderás con el tiempo, como lo hice yo.

Me encanta pegar mis labios a tus mejillas, lo que comúnmente se denomina BESAR, pero no necesariamente, en mi caso, claro está. Yo disfruto de sentir en mis labios algo tan suave y amoroso como tu carita. Y así me quedo pegado por largos segundos y tú no te incomodas, sigues así, cómoda, hasta que te aburres, porque a ti las cosas te divierten por minutos y luego buscas otro juego, otra canción, otro familiar con quien jugar.

No sé si encontrarás un mundo muy generoso, si no te gusta el que encuentres, prometo hacerte uno para ti, con la gente que realmente nos ama, con personas que valgan la pena, a veces están cerca y no sabemos verlas. Espero enseñarte lo que sepa, lo bueno que haya aprendido, mis maestras han sido en su mayoría mujeres, pero cuando naciste tú, te convertiste en una matriarca, una hada de piel de semilla de lúcuma. Amarás la lúcuma, por favor dime que sí. Prometo invitarte a probarla el próximo sábado que nos iremos de paseo. Soy un pocobastante nostálgicoromántico, es algo normal, ya te dije que nací en el siglo XX y la música que oí es mil veces mejor que la que hoy suena en la tele y la radio. Madre mía, mi amor, espero que la música que te marque no raye los tímpanos, cuando eras bebé, tu madre te ponía melodías de CD’s de música barroca que traje de Barcelona, la Orquesta Sinfónica de Catalunya arrullaba tu líquido amniótico.

Aún no hablas bien el castellano, pero espero que en unos años hables al menos 3 idiomas, descubrir el mundo es vivir, es alucinante y cuando quieras entender al Perú siempre te diré que para que lograr éso debes abandonarlo, al menos por un tiempo. Yo nací en el Perú sin saber por qué, luego me fui y volví para estar contigo. Te conocí cuando ya tenías 3 meses y 15 días de nacida, y cuando me viste por primera vez comenzaste a balbucear por 5 minutos, tu madre alucinaba, nunca antes lo habías hecho. Allí supe que entre nosotros siempre habría magia. No te olvides, yo soy tú.

Nunca te presionaré para que logres las cosas que yo no pude lograr, quiero que sepas usar tu libertad, si pudiese limpiaría el polvo del suelo antes de que lo pises para que no tengas problemas al andar. Te echo mucho de menos, intento hacer muchas cosas para que no me coja la añoranza de ti, mi Mica preciosa. Todos los adjetivos superlativos que yo te diga son sólo válidos para mí, para tu padre. Antes de estar orgulloso de ti, quiero que estés orgullosa de mí, si no con qué ejemplo te demostraría que intentes cada día ser mejor.

Soy falible, errático, dicen que los errores son intentos que se estrellaron en paredes reales y cayeron, como el otoño que reúne millones de hojas de primavera derrotadas. La belleza del error de hoy radica en el acierto de mañana, es el aprendizaje. Nunca te conformes con aprender, nunca es suficiente. Sé una buena persona, da igual si consigues un Ph. D. o logras algún Premio Nobel, que tu entorno sepa que tu compañía y tu existencia dan bello sentido a este pequeño mundo.

Debo haber dicho muchas cosas absurdas en este carta, creo que te escribiré más misivas para mejorar la de hoy, creo que lo mejor que he hecho en mi vida eres tú. ¿Sabes? La gente escribe poco, ahora sólo manda mails, el papel ha quedado desfasado, pero hay algo que te dirá todo lo que siento, hay un gesto físico que reunirá mi alma y piel en un instante. Te abrazaré muy fuerte y te besaré la naricita de botón que heredaste de mí y por la que me reclamarás cuando seas grande. Éso sin contar la mordida de mejilla que te aplicaré de manera sutil. Hoy, después de soplar tu segunda vela de cumpleaños de la Kitty, quise morderte la mejilla derecha, pero había mucha gente y no quise ruborizarte. Yo soy tú, espero que tú seas mejor que yo. Te ama, tu padre, tu Val.

Lic. Valery Bazán

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