
¡Hoy descubrí en el contexto más inesperado al neurocientífico que a partir de..cambió mi vida!
Bueno,sé que esté tipo de expresión se suele utilizar cuando uno trata de expresar estados de enamoramiento, o episodios traumáticos, o situaciones límite que te obligan a reconducir la dirección o el destino de tus actos diarios.
Sin embargo, sin tratarse de ninguna de esas románticas opciones, éste hombre, simplemente hablando de la manera más llana, clara y meridiana, de algo tan complejo como el cerebro, me” ha enamorado”. ¡Si el verbo acepta la acepción científica del concepto enamoramiento!
¡El cerebro, ni más ni menos! Todas sus operaciones y mecanismos, explicados con una pedagogía casi de parvularios… de repente se ha vuelto tan familiar y fácil entenderlo, que hasta la lógica o sentido común necesarios para comprender las opciones de ruta de un ascensor (arriba/abajo) me parecen ahora más complicados!
Explicar cómo tomamos decisiones, en base a qué o bajo qué premisas actuamos de una u otra manera, qué operaciones y cálculos mentales realizamos para cada una de nuestras múltiples elecciones diarias, sin condimentos, sin conservantes ni colorantes..con todo su sabor pero a la plancha. Así me convencía este Neurólogo de que algo tan sencillo y repetitivo como la toma de decisiones contantes, nos complica sin embargo la vida, hasta límites casi insospechados, justo en la frontera dónde habita la receta de la amargura!
¡Todos los actos que nos permiten más que vivir; sobrevivir al medio como individuos bio-psico-fisiologicos, son en ultima instancia decisiones por elección!
“.. El cerebro es tremendamente irracional en sus decisiones..” decía en su intervención Pascual-Leone, para expresar cómo en la toma de decisión el mecanismo del que se basta el cerebro es de lo más simple, por no decir de lo “más tonto”.Y sin embargo la percepción subjetiva que nosotros tenemos es de que se trata de un acto elevadamente complejo, difícil, otorgándole a menudo el status de PROBLEMA.
Existe otro concepto en Neuropsicología, el de “Economía mental”, para hacer referencia a la razón por la cual no somos conocedores de manera consciente de la cantidad de millones de billones de mensajes que nuestro cerebro envía constantemente a todo el cuerpo, para sobrevivir.Pero aunque no lo ‘sepamos’ estan ahí. Todos esos millones de billones de mensajes están basados en el mismo principio; la comparación al menos de dos opciones o alternativas, para tomar una decisión que se traduce en conducta.
¡Todos los actos que nos permiten más que vivir; sobrevivir al medio como individuos bio-psico-fisiologicos, son en ultima instancia decisiones por elección! De la manera más rápida posible, en una dicotomía tan continua como invisible, podríamos resumir que nos pasamos cada segundo del día tomando decisiones, y entonces eligiendo.O si no, al menos nuestro cerebro, que altruistamente decide hacerlo por nosotros!
Entonces ¿¡cómo es posible que algo tan cotidiano como necesario, vitalmente irremediable, sólo por el hecho de colarse en algunas ocasiones a la “sala” de la consciencia, nos pueda llegar a quebrar el pulso de tal manera!? Porqué cuando somos conscientes de que debemos tomar una decisión (elegir una opción) si al fin y al cabo sólo se trata de una entre los billones restantes,tenemos la percepción personal de que estamos ante un problema? y a menudo llega a parecernos incluso inabarcable, imposible, sin solución, o de resultados irreparables!
Algunas personas experimentan tal nivel de estrés y ansiedad ante la necesidad de tomar una decisión, que suspenden por un tiempo la elección, mientras se debaten entre la vida y la muerte emocional, entre los deseos y las normas, entre las leyes y los impulsos, entre el amor y el odio, entre ir o venir,entre la moral y la voluntad,entre lo aprendido y lo enseñado,entre el deber y el tener (..) entre la razón y el corazón..al fin y al cabo
Siendo así, y sabiendo que van a seguir planteándose, lo mejor es asumir cuanto antes que sólo de nosotros depende la decisión que tomemos.
Y pueden pasar horas, días, semanas y algunos incluso años..diciendo al amigo, al vecino, al compañero, a la pareja y a su hermano: “..¡tengo un problema.. tengo un problema y no sé qué hacer!..” mientras el cerebro de éste, como el tuyo y el mío y el de su vecino, sigue tomando sus billones y billones de decisiones a diario..claro!
Pero ahí seguimos, secuestrados en la idea de que de repente algo irrumpió en nuestras vidas para obligarnos a elegir, nosotros que habíamos elegido una sola vez vivir en la inopia visceral de pasar por la vida sin tener que hacer demasiadas elecciones..! Cómo se atreve el malnacido ‘Problema’?! Quién le mandó a él amargarme la vida.. empujándome a resolverlo de una u otra manera?!
Bueno..este sólo se salió de ruta..y se instaló en la conciencia, emancipándose de sus coetáneos, sin ser necesariamente ni más ni menos importante para nuestra existencia que aquellos, pero aquí está, entre “nosotros” y no nos queda otra que resolverlo
El supuesto PROBLEMA lleva implícito en sí mismo la solución, su propia y única solución, sino no sería un problema. Aunque en la mayoría de las veces lo que en realidad nos agobia no son problemas..sino DILEMAS..
Un dilema implica poder resolverse mediante dos soluciones, y ninguna de ellas ser completamente buena.
Éstos sí nos enturbian la vida! Pero tal vez el lenguaje es caprichoso y preferimos llamar a nuestros verdaderos dilemas problemas, para no aceptar que podemos elegir entre dos respuestas, dos opciones, dos situaciones..y tal vez ninguna ser 100% correcta.
Nuestro desarrollo, desde niños y durante toda la vida adulta, está plagado de dilemas.Acumular dilemas ‘no resueltos’ puede pasarnos factura en cualquier momento.
Siendo así, y sabiendo que van a seguir planteándose, lo mejor es asumir cuanto antes que sólo de nosotros depende la decisión que tomemos. Y lejos de parecerse a una película de sobremesa, dónde al protagonista le narran la historia con 2 opciones, no podemos plantearnos constantemente eso de “..qué habría pasado si en vez de “A” hubiese elegido”B” ..”, ni postergar indefinidamente el acto de elegir y en definitiva decidir, debemos escoger valientemente sólo una de ellas, con todas las consecuencias.
Con el compromiso de aceptar que nunca podremos saber qué hubiera ocurrido de lo contrario, aprendamos a elegir, escoger, discernir y decidir.Para hacernos dueños exclusivos y responsables de nuestras decisiones. Sin restarle un ápice de trascendencia, pero sin olvidar que sólo es una entre billones restantes!
Grela Bravo
Psicóloga y escritora española
articulartemail@gmail.com



