Jovencitas de familias diferentes, unidas por una misma enfermedad. Una bacteria que llegó a su organismo, por herencia o por simple casualidad, que las debilitó, pero no las mató. La Tuberculosis cambió su vida, pero no les quitó las ganas de salir adelante, de demostrarle al mundo, pero sobre todo a ellas mismas que sí se puede, cuando hay voluntad de por medio y el apoyo de un grupo humano, que no las dejó caer, cuando sentían que la batalla estaba perdida.

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