La decisión del presidente de la República, José Jeri, de romper los protocolos establecidos durante un recorrido oficial ocasionó un tumulto que terminó en roces, empujones e incluso agresiones físicas por parte del personal de Seguridad del Estado hacia los hombres de prensa.
Aunque el mandatario tuvo la iniciativa de acercarse a las delegaciones presentes, la seguridad impidió que los periodistas cumplieran su labor, bloqueando el acceso para obtener declaraciones o imágenes. Esta situación provocó que algunos reporteros resbalaran y tropezaran, frustrando cualquier intento de diálogo, pese a que el propio presidente se mostró dispuesto a atenderlos.
El hecho dejó un claro malestar entre los medios de comunicación. El accionar desordenado de la Seguridad del Estado, lejos de garantizar el orden, generó un ambiente caótico y un evidente atropello al trabajo periodístico.



