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De acuerdo a un informe de la CEPAL, el Perú es uno de los 5 privilegiados países en América Latina que lograron disminuir el índice de pobreza extrema a un promedio de 1% al año entre el periodo del 2008-2010. Por otro lado, el Banco Mundial muestra cifras aún más alentadoras con decrementos promedio del 2.4% para el periodo 2009-2013.

Cualesquiera que sean las cifras más cercanas a la realidad, el punto es que aún hay mucho por hacer para solucionar esta problemática.

Por ejemplo, en los sub segmentos de pobreza “rural”, de los 8 millones de peruanos pobres, al menos el 50% cae en esta categoría, de los cuales al menos el 20% están concentrados en regiones como la sierra en donde la falta de oportunidades sigue generando una migración exagerada y descontrolada a las ciudades de la costa, en especial Lima.

En las zonas andinas, los niveles de analfabetismo, el déficit de infraestructura y servicios, la ineficiencia y precariedad de los sistemas para el uso del recurso acuífero, son temas que no han sufrido ningún cambio, aun cuando el país reporta un índice de crecimiento del PBI positivo promedio del 5.8% desde hace 3 años. Tal vez para nosotros los Economistas sea más fácil interpretar estas cifras, que para aquellos que están menos familiarizados con esta disciplina y sus correspondientes políticas. Bien, para hacer el análisis más fácil y justo, podríamos afirmar que aun cuando el país crece año tras año, este no se está traduciendo ni en alivio de pobreza ni en desarrollo económico.

¿Porque?, trataré de dar una respuesta más o menos coherente y lógica. Para alcanzar el tan ansiado desarrollo económico, se necesitan más que números en azul del PBI por un periodo determinado de años. En nuestro país lo que tiene que cambiar es la estructura económica en sí, la distribución del ingreso debería ser más igualitaria y en nuestro caso, no lo es, debido entre otras causas, a la deficiencia con la que la autoridad tributaria (SUNAT) actúa, la ineficacia del gobierno para encausar los flujos de capital disponibles hacia proyectos de infraestructura que generen un impacto social contundente, como los son la construcción de nuevas carreteras y vías, aeropuertos y puertos, hospitales y escuelas. Otro factor que se suma a la razón por la cual ese galopante crecimiento no llega a todos los sectores sociales es sin duda la falta de inversión en tecnología y en adiestramiento y preparación del capital humano.

 

Entonces, se puede afirmar que el grado del impacto en los niveles de reducción de la pobreza va a depender de muchos factores, pero particularmente de las políticas económicas que promuevan el tan esperado cambio en la configuración de nuestra economía, lo cual no está sucediendo debido a la falta de decisión política de los gobiernos de turno, que prefieren concentrarse en sus planes post electorales y gobiernan el país en relación a sus expectativas e intereses personales y políticos.

El crecimiento y posterior desarrollo de nuestra economía definitivamente va a conducir a una reducción de la pobreza cuando finalmente los activos de un país (financieros y tangibles), sean distribuidos de una forma relativamente equivalente o más aún, cuando cualquier incremento de la tasa de empleo se base y se genere en diversos factores y sectores productivos (y no como en nuestro caso que en su mayoría se concentra en el sector minero, que por su naturaleza no genera un impacto en la disminución de la tasa del desempleo).

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Retomemos ahora el tema de la pobreza rural, la falta de inversión en tecnología de riego, por ejemplo, en las zonas del altiplano en donde la economía local se basa en la producción de la tierra (agricultura), la ausencia de infraestructura vial para poder comercializar los productos agrícolas de una forma competitiva, hacen que el panorama siga viéndose sombrío. Las políticas cortoplacistas y demagogas de este y los anteriores gobiernos (cuyos representantes siempre aparecen unos meses antes de las elecciones, por algún pueblito de la sierra, regalando avena o unos kilos de arroz para salir relegidos parecen encontrar su “foco infeccioso” óptimo entre estas poblaciones que sumidas en la ignorancia y la necesidad, vuelven a votar por ellos) es lamentablemente la misma.

Nuestro país tiene todos los recursos para reducir la pobreza extrema a niveles reales, no solo somos ricos en la tierra y la biodiversidad, sino también en recurso humano, lo que nos hace falta es un buen líder, que convenza a las masas de seguir el camino correcto. Hay mucho por hacer en sectores como manufactura, el cual por ejemplo; definitivamente crea un conjunto de empleos mucho más grande, dinámico y competitivo ya que genera un valor agregado mejor pagado en el sector de las exportaciones, a diferencia del sector minero, del cual también disponemos en cantidades envidiables, pero que por el contrario, genera menos empleo y depende mucho del precio internacional de los commodities (factores exógenos).

Ahora que tantas regiones reciben cantidades relevantes por cuestiones del canon minero (ingreso que contradictoriamente constantemente es puesto en riesgo debido a la proliferación de la cultura anti minera que utiliza a las sociedades menos letradas para generar odios, rencores y un antisistema pro comunista en base a informaciones inverosímiles, inexactas que lindan con fabulas grotescas y egoístas), las autoridades elegidas deberían sentir un poco de escarnio y apiadarse de las actuales condiciones en las que viven sus electores; invirtiendo en obras que finalmente, aun cuando se sacrifique eventualmente algún futuro político; cambie la historia de los mismos.

Pero no, en el Perú, tanto el gobierno ineficaz, mediocre y populista Nacionalista de Humala, (que con su Pensión 65 y Beca 18 y Qali Warma, entre otras; intenta de alguna manera por lo demás clientelista abordar el tema social como uno temporal, proponiendo y llevando a cabo políticas sociales paliativas, tal cual lo vienen haciendo estos villereyezuelos mal llamados Presidentes regionales con sus obras tan insultantes y triviales como sus propias capacidades de gestión) como la oposición y las autoridades locales y regionales; hacen muy poco por acabar este flagelo y muestran limitadas voluntades para apoyar medidas de reforma estructurales que finalmente se relejen en el desarrollo y la equidad económica. Este tipo de propuestas tan poco creativas y populistas, nunca van propiciar efecto real alguno en la redistribución  del ingreso, por lo cual, seguiremos viendo pobres caminando por las calles y los campos del país, como zombis que buscan dentro de su propia ignorancia una solución a sus problemas a través de políticos burdos y corruptos que se venden como sus fieles representantes, pero que a la larga solo vienen hacer unos traficantes de ilusiones. Mientras siga existiendo es pobreza, el caldo de cultivo que buscan para seguir llenado sus bolsillos hasta reventarlos por medio de la miseria de los peruanos, seguirá ahí, y el negocio para ellos continuará siendo “redondo”, y es que son estos políticos del Perú de hoy, a ser llamados dignos creyentes de esa tan famosa y a la vez cruda frase de Gabo: “El día que la mierda tenga algún valor, los pobres nacerán sin culo”.

 

Econ.  Jaime A Verastegui, CAMS-Audit, CFE

Tampa, FL USA