
Es fin de semana y voy deambulando con el carrito en el supermercado. Me acerco a la sección de jugos. Cientos de marcas se disputan los anaqueles, unas más vistosas y otras más sencillas. Hay jugos en caja o botella, chicos y grandes, variados sabores y colores. Unos vienen con promociones, 25% más, 2 x 1, gratis muñequitos para los niños. Unos son más caros y otros apelan al precio bajo para conquistarme. Hay una marca que tiene un estante especial con muchas imágenes y publicidad que jala mi vista. Pero llegó la hora de escoger. Esa marca tiene bonito empaque pero no tiene buen sabor, la otra tiene mucho preservante. Esa otra parece más natural pero su presentación no me convence y me hace dudar de la calidad. Finalmente elijo una conocida porque prefiero no arriesgar. Compro otros productos y en todos se repite el mismo proceso. Una sencilla reflexión me asalta al salir de hacer las compras: La vida es un mercado.
En efecto, la decisión de comprar se repite en nuestra vida. Si postulamos a un empleo, competimos con muchos candidatos, unos tendrán mejor presentación, otros más experiencia, otros más estudios o habilidades adicionales. Unos le ponen un precio menor a su trabajo, otros cobran más y habrá alguno que tenga buena imagen y también buen currículo. En el amor pasa lo mismo, quieres conquistar a la vecina de a lado, pero hay un pata cuero rondándola, otro que tiene carro y ya trabaja también quiere con ella, tú aún estudias y no tienes pinta de galán pero tienes labia y caes chévere.
La vida es una competencia permanente en un mundo de compradores y vendedores… damos algo de nosotros porque deseamos algo de los demás y los demás desean algo de nosotros.
La vida es una competencia permanente en un mundo de compradores y vendedores donde todos tenemos necesidades; damos algo de nosotros porque deseamos algo de los demás y los demás desean algo de nosotros. Damos nuestro trabajo y recibimos dinero, damos dinero y recibimos productos; damos cariño y recibimos afecto, damos colaboración y ansiamos gratitud, hacemos un buen trabajo y esperamos una felicitación o que la gente tenga un buen concepto de uno.
El que consigue el empleo, y el que logra conquistar a la vecina tiene algo en común con las marcas de jugo. Todos, sabiendo o de manera inconsciente, aplican el secretito mágico: Marketing. El marketing es parte de nuestro día a día, se mete en nuestros hogares, está en nuestro trabajo, en nuestras reuniones sociales, está hasta en la iglesia y muchos aún no sabemos de forma clara que significa. Esta palabra mágica que casi nadie comprende pero que todos intuyen esta dentro de nuestra vida de diferentes maneras. Hoy se habla de marketing en los negocios, marketing en la política, marketing de las personas, marketing social y hasta marketing del amor aplicado a las relaciones de pareja.
Por eso esta columna lleva ese nombre, el Marketing de la Gente; del canillita de la esquina y del empresario del mall que buscan hacer negocios; de la adolescente ilusionada y de la señora preocupada por la fidelidad en su relación, que quieren ganar en el amor; del candidato a la alcaldía escolar y del político que quiere una curul; del joven que está buscando empleo por primera vez y del ejecutivo senior que desea negociar para escalar posiciones. Este es el marketing real, el marketing de a pie, el marketing de la gente. Mi intención es muy simple, con investigación y creatividad, hacer sencilla y entendible una disciplina que puede ayudar a hacer más felices a las personas tal como hace más rentables a los negocios. Pero sobre todo busco ayudarte a ser ese qué quieres ser, en lo que quieres hacer para lo que quieres lograr.
Pero sobre todo busco ayudarte a ser ese qué quieres ser, en lo que quieres hacer para lo que quieres lograr.
Para ello debemos comenzar aclarando conceptos. Muchas veces hemos escuchado mencionar la palabra marketing y hemos tenido la idea de algo aplicado a los negocios que ayuda a que las empresas vendan más. Se cree que es sinónimo de ventas y publicidad pero el marketing es más que eso. Engloba mucho más que saber promocionarse. Implica partir desde cero, desde preguntarnos quiénes somos, que buscamos y que ofrecemos, plantearnos metas y un plan de vida organizado, saber quiénes son nuestros clientes y que esperan de nosotros como personas.
Implica también conocer a fondo con quien tengo que competir para obtener lo que quiero, ponerle un precio a lo que ofrezco, definir cómo debe ser mi imagen y contenido, cómo hago para que la gente me conozca y sobretodo, cómo hago para que la gente me compre. Y si mi cliente ya me compra, saber cómo hago para que me sea fiel en la vida.
El marketing personal es pues, un conjunto de estrategias que me permiten conseguir mi beneficio o meta en la vida a costa de satisfacer los deseos de mis clientes. Ojo, que el término cliente aquí se aplica en cualquier caso, del político sus electores; del profesional, su jefe o empleador; del novio su enamorada. El marketing no consiste en conseguir clientes para mi producto (considérese aquí a productos físicos, servicios y personas), se centra en conocer las necesidades de los consumidores para poder satisfacerlas creando productos capaces de generar valor y satisfacer esta necesidad.
Hay gente que cree que el marketing personal es deshonesto pues maquilla o disfraza la realidad para que la gente nos prefiera. La imagen es parte del marketing pero no es lo principal, de nada sirve verse bien en una entrevista de trabajo si no tienes la experiencia, los estudios o la inteligencia emocional para asumir el puesto al que se postula. Por tanto debemos entender que esta disciplina va más allá de la forma. La tarea del marketing es justamente usar el nivel adecuado de maquillaje para mejorar la imagen y atraer a los clientes pero sin que haya un divorcio con la realidad.
Ahora que entendimos de manera más clara el concepto real del marketing, muchos se preguntarán ¿cómo puedo aplicar eso en mi vida diaria? Como todo buen proyecto, el marketing comienza por nosotros mismos como persona o como empresa. Saber quiénes somos y a donde vamos, algo que trataremos a fondo en nuestra próxima edición.
Carlos Monteza
Consultor Especialista en Marketing Personal, Marketing Empresarial y Asesoría de Imagen


