En anteriores entradas de esta bitácora hemos estado explorando juntos, caro lector, algunas de las miles de emociones que puede experimentar el ser humano al escuchar la música clásica. Aunque en muchos casos es bien subjetivo interpretar un contenido a partir de un conjunto de notas, de todas maneras le será de mucha ayuda que pueda usted seguir en mayor detalle los elementos musicales de estas obras. Vuelvo a recurrir a su paciencia y espero que me excuse si hoy voy a emplear algunos términos musicales y si, peor aún, espero que se familiarice con ellos. Sin embargo el premio vale muy bien el esfuerzo, porque podrá en demasía obtener un manantial de satisfacciones al escuchar diversas obras de música clásica.
«Note usted como las voces parecen ir en diferentes direcciones, algunas elaboran melodías que otras cantan con mayor firmeza, como siendo premoniciones de un mensaje futuro.»
Estas obras musicales se distinguen por la enorme cantidad de instrumentos que poseen. Solo por efectos de comparación cuantitativa, los Beatles mayormente tenían a su disposición ocho instrumentos, percusión, bajo, primera y segunda guitarra y cuatro voces, aunque mayormente eran dos. Una orquesta sinfónica moderna puede llegar a tener 22 tipos de instrumentos. Usted puede perfectamente seguir la melodía principal de una de esas obras, y obtener buena parte del mensaje musical del compositor. Pero otra muy placentera sensación es aprender a distinguir las voces de una composición.
Sin mayores preámbulos, escuche este ejemplo del canto gregoriano.
Como se dará usted cuenta, las voces masculinas están claramente separadas de las femeninas, no hay mayor armonía, las notas parecen estar pegadas unas a otras, la melodía parece no tomar grandes riesgos o aventuras. Sin embargo esta obra puede evocar una gran cantidad de emociones, sobre todo piadosas o de intensa religiosidad. La razón de que sea tan unidireccional, simple, llana, sin mayores efectos o aspavientos, es porque el canto gregoriano tenía una cantidad infinita de reglas, que intentaban imponer un yugo firme sobre la música. No es de extrañarse que estas reglas canónicas calificasen de “música diabólica” a las melodías que contraviniesen sus preceptos. Sin embargo, surgió hace unos cuatro siglos, un sacerdote madrileño que se “atrevió” a contravenir estos cánones, no por capricho o influencia satánica, si no para crear una nueva manera de hacer música, una música menos rígida, menos unidireccional, una música donde las voces fueran más independientes. Este gran compositor fue Tomás Luis de Victoria:
Note usted como las voces parecen ir en diferentes direcciones, algunas elaboran melodías que otras cantan con mayor firmeza, como siendo premoniciones de un mensaje futuro. Otras solo completan los acordes para que la armonía nos dé la sensación de congruencia y estabilidad. A pesar de que la melodía parece seguir patrones Gregorianos, de Victoria hace gala de una gran genialidad al independizar las voces en su obra, darles un carácter propio, un mensaje individual que comunicar. De esta manera va surgiendo la música polifónica y el estilo barroco. Quizás lo más asombroso de todo esto, es que estas melodías suenan en simultáneo, y por lo tanto, crean una sensación espacial en nuestro cerebro, demandan que nuestros dos hemisferios se conecten, ya que si bien la fuente del sonido puede ser una sola, el simple hecho de intentar seguir dos melodías distintas al mismo tiempo, ya está logrando una estructura mental espacial en todo su derecho.
A medida que el barroco fue progresando, surgió la figura de este excelso clavicordista, que llevó la técnica del teclado a un nivel nunca antes visto, me refiero a Domenico Scarlatti.
He elegido este video a propósito, porque no es necesario recurrir a un coro para poder ejemplificarle cómo funcionan las voces en una obra musical. También aquí podemos apreciar no solo la brillante técnica del señor Beauséjour, si no como cada una de sus manos está tocando dos melodías diferentes. Por momentos la mano izquierda hace eco de la ejecución de la derecha, por momentos ambas voces van de la mano juntas. Pero note usted, volviendo a ver el video, que es en el momento cuando ambas manos ejecutan movimientos contrarios, es decir, una sube y la otra baja en el teclado, que la música parece tener un volumen, cuerpo y textura extraordinarios. Esta viene a ser una de las reglas básicas del contrapunto, es decir, la técnica para escribir dos melodías independientes, que sin embargo, suenan bien cuando son ejecutadas al mismo tiempo.
Para rematar esta entrada, ahora aventurémonos con una obra de Bach, una fuga para órgano de tubos. La fuga es una forma musical maravillosa, que trataremos en detalle en otra ocasión, pero ahora deleitémonos con esta interpretación del grandioso músico holandés Ton Koopman.
Tal vez la parte más impresionante de este video sea como ante un instrumento con una gigantesca variedad de sonidos y tonos, no quede más remedio que recurrir a un teclado de pedales, y usar los pies en los tonos graves, no solo para marcar la raíz de los acordes y la pauta armónica, si no para “cantar” con nuestras extremidades inferiores, para generar aquello que una orquesta de mediano tamaño podría generar, para que un solo ser humano logre conjurar una verdadera catedral de sonidos y emociones.
Espero ahora, querido lector, que cuando usted escuche una obra de música clásica, no solo se limite a identificar la melodía principal (y relajarse dicho sea de paso), sino que también preste atención a esas otras voces, a esas otras melodías en otros instrumentos, llenas de mensajes, de integridad armónica, de creación espacial que estoy seguro, le proporcionarán muchos momentos de excelso entretenimiento.
Tony Chávez Uceda
Médico, músico y cineasta trujillano radicado en Angola.



