Suele ser en un Grupo cuando recomiendo, las veces que lo he hecho, el mismo libro: Los Patitos Feos, de Boris Cyrulnik.  Acabo de reparar en eso, justo ahora que me disponía a escribir sobre ello.

Tal vez sea porque en situación de Grupo, después de varios encuentros, se genera ese  ’algo’ distinto a la suma de las partes, que por más que lo experimente, nunca deja de sorprenderme. Y también porque determinadas recomendaciones no pueden hacerse de manera unipersonal.

Hablar de Resiliencia. Es tan sencillo explicar su significado como complejo lograr desarrollarla en la vida. Aunque la complejidad encierra en su propia definición la diversidad, nunca la imposibilidad -de cualquier hecho, objeto o proceso-. De manera que después de saber qué es, sólo añadiré al concepto formal la paciencia como ingrediente sazonador definitivo.

Hablar de Resiliencia. Es tan sencillo explicar su significado como complejo lograr desarrollarla en la vida.

La Resiliencia es la cualidad que tienen determinados materiales de resistencia al choque, a la percusión, al golpe. Su capacidad elástica para absorber y almacenar energía de deformación. En psicología se aplica este mismo concepto para referirse a la capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas. De resistir el choque. La capacidad de soportar sufrimiento y enfrentarlo. De sobreponerse a períodos de dolor emocional intenso, o incluso resultar fortalecido por el mismo.

He podido constatar con mis propios ojos, que la idea tiene relieve y veracidad más allá del diccionario. Que no se trata de un concepto teórico, ni académico. Sino de una realidad, casi palpable, en algunos sujetos. Una circunstancia de vida, resultado de muchos peldaños andados. Y cada vez que la he redescubierto siempre he resultado sorprendida en la más profunda y humilde admiración por quien me la ha (de)mostrado, tan sólo con su actitud, con su ‘quehacer’ y su ‘qué ser’, con su mirada profunda y sin embargo transparente. Donde podía asomarme y ver en el fondo, complejos, miedos, inquietudes, sueños, experiencias y deseos conviviendo en las mismas aguas, claras y limpias.

resiliencia

 

Recuerdo la primera vez que oí hablar de ello, cuando entonces me parecía más literatura fantástica que realismo clínico. Hasta que supe y entendí los cimientos del propio autor, sobre los que se asentaba tanto trabajo.

Boris Cyrulnik; profesor, neurólogo, investigador, psiquiatra y psicoanalista, escapó con seis años de un campo de concentración, de donde el resto de los miembros de toda su familia, rusos judíos emigrantes, jamás regresaron. A partir de ahí se empieza a tallar la forma en bruto del mineral que llevaba dentro, hasta convertirse en él mismo. Semejante curriculum merece cuanto menos credibilidad y respeto, para sentarse a escuchar lo que tenga que decirnos al respecto.

Y así lo hice yo, hasta que me convenció. Y después ya nunca más pude salir a la calle con la misma mirada. Y pasé años leyendo en los demás (usuarios, amigos, familiares, compañeros…) los componentes de la fórmulamágica.

Es cierto que los cinco primeros años de vida de un individuo son cruciales en la configuración de su mapa personal.

Siempre pequé de escéptica, y sólo puedo rendirme a la evidencia de los hechos constatados. De las hipótesis demostradas con experiencia y más experiencia. Después de haberla acumulado, me atrevo a defender con cualquier contertulio la resiliencia como potencial humano.

Es cierto que los cinco primeros años de vida de un individuo son cruciales en la configuración de su mapa personal. En las líneas que marcaran su personalidad, conducta, comportamiento, incluso su inteligencia ( y sus muchas expresiones). Pero no es menos cierto que el esfuerzo, la tenacidad, la voluntad, la perseverancia… dan sus frutos. Y que la capacidad de superación es un talento que se entrena. No es una genialidad heredada. Que la supervivencia puede convertirse en el arte de vivir.

Más allá de oxígeno y riego sanguíneo, existe un laberinto por conquistar dentro de nosotros mismos. Puede atraparte sin salida, o llevarte al epicentro de un jardín desconocido. Todo depende de cuándo y cómo lo empieces a recorrer. De las veces que te detengas a pensar en los pasos dados, y más aún del impulso que cojas para emprender los siguientes.

Cualquier experiencia deja una huella en nosotros, una impronta que necesariamente nos hace después de ella diferentes. Pero las experiencias se pueden reconvertir en aprendizaje. No sólo para anticipar temores, sino para entender, comprender y aprehender el ‘truco’. Saber qué herramientas necesitas. Porqué sólo así irás a buscarlas al lugar adecuado.

He visto tantas veces a otras personas sobreponerse al dolor, que sólo me queda aprender a enseñar a hacerlo. Pues la posibilidad de conseguirlo hace tiempo que aprendí que era un objetivo alcanzable y cierto!

(…creo que estoy a un paso de lograrlo con éxito!)

 

Grela Bravo

Psicóloga y escritora española

articulartemail@gmail.com

www.articularte.com