brain men at work

Las palabras son el material del que están hechas las ideas y los conceptos. Y a su vez éstos están marcados por la cultura. A través del lenguaje nos comunicamos, incluso cuando no es verbal (cuando no se verbaliza, para ser más precisos), nuestro cerebro activa mapas de conceptos basados en una arquitectura emocional tejida por rasgos semánticos que se convierten en motores generadores de significado.

Cuando nos referimos a la semántica emocional no hablamos del lenguaje de las emociones ( éste hace referencia a la comunicación, a la intención comunicativa, como expresión del pensamiento y de los diferentes estados emocionales, estados psicoafectivos que se manifiestan en las distintas formas de comunicación, el valor simbólico que refleja nuestra percepción del mundo e interacción con él, ya sea mediante lenguaje interior, hablado, escrito, gestual o mímico) sino de la semántica en tanto que relaciona el signo con su significado, (significante vs significado) nos proporciona el sentido de los objetos, y subraya lo emotivo: seguro, fiable…etc.

Se trata del estudio del significado afectivo, es decir, de las reacciones emocionales que acompañan a una palabra. El juicio que emitimos de acuerdo a una escala con dos descriptores o adjetivos opuestos situados en los extremos (como cómodo/incómodo,  robusto/ligero, hermoso/feo, cercano/distante ) El procedimiento mental del diferencial semántico no aporta información sobre el significado del objeto en sí, sino sobre las emociones que genera. Esto es debido precisamente porque por medio de palabras con significado emocional leemos, entendemos e interactuamos con los objetos, y así mismo con las situaciones  y/o las personas.

«Las palabras son el material del que están hechas las ideas y los conceptos. Y a su vez éstos están marcados por la cultura.»

La técnica de semántica diferencial (SD) es la técnica empleada más frecuentemente para medir la percepción emocional de las personas relativa a un objeto o situación. Esta técnica permite parametrizar y cuantificar el universo de las percepciones y extraer un número reducido de conceptos que sintetizan la percepción global. El objetivo es obtener una medida objetiva del significado psicológico que tiene para el sujeto una serie de acontecimientos, imágenes, objetos o personas por medio de una serie de escalas descriptivas. El objetivo final es conocer cómo percibe el sujeto.

Así por una parte tendríamos las emociones que evocan en nosotros los significantes (las palabras, los esquemas mentales, los scripts, la semántica del razonamiento abstracto…) y por otra parte la manera (verbal, gestual o literal) en cómo expresamos la emociones en tanto que experiencias complejas, para lo que utilizamos una gran variedad de términos, además de gestos y actitudes.

Según sea la situación que provoca la emoción, elegimos unas palabras u otras como ‘amor’, ‘amistad’, ‘temor’, ‘incertidumbre’, ‘respeto’, etc. que además, señala su signo (positivo o negativo). Y según sea la intensidad escogemos palabras como ‘nada’, ‘poco’, ‘ bastante’, ‘muy’, etc. y así, componemos la descripción de una emoción. Decimos por ejemplo; “me siento muy comprendido”(positiva) o “me siento un poco defraudado” (negativa).

Obviamente tanto en la semántica emocional (reacción afectiva y significado emocional que evocan las palabras) como en el lenguaje emocional (expresión de las emociones )  el contexto cultural y los códigos sociales en los que se expresan, resultan determinantes.

Sí, las palabras importan. En tanto ordenan, secuencian, categorizan, matizan y puntualizan nuestras experiencias, y lo más importante cómo las expresamos y compartimos.

“A menudo nos equivocamos, cuando ponemos más empeño en dar nombre a los sentimientos, en vez de darles  valor”

Sin embargo, y a pesar de mi incansable búsqueda de las palabras adecuadas, a la que mi ‘dualidad profesional’  me arrastra casi inevitablemente. Tratando de escalar todos los grises que se componen en cada caso, en cada uno, en cada momento, de articular los matices, de adjetivar las gradaciones, de sustantivar todas las connotaciones… A veces la realidad se impone. Y la experiencia vivida se escurre y escapa de ellas. Jugando al escondite con cualquier sílaba que pretenda atraparla siquiera.

Al final debemos rendirnos a la evidencia, científicos, neurólogos, lingüistas, psicólogos, escritores, publicistas, periodistas, poetas o adjetivadores. Porque todo aquello que tratamos (nosotros,vosotros, ellos… y nuestras cerebros) de codificar y nombrar, ordenar tras los dos puntos de cualquier etiqueta, nominar y definir con un puñado de letras, justo aquello que más nos importa y afecta. Aquello que nos impacta, nos modifica, nos altera. Todo lo que nos remueve y desordena. Lo que nos agita, nos impregna, lo que nos forma y conforma. Lo que nos une o nos separa. Lo que nos acerca o aleja unos de otros, lo que nos confunde y nos muestra. Sí, todo eso grande y que trasciende, ya sabes; lo que importa y afecta, no tiene más sema que la que se significa en una pupila dilatada. La que flota en el aire que no cabe en ningún fonema, la que viaja por todas las vías intagibles de la escena. La semántica que transita en un suspiro. En una sonrisa, incluso en un silencio. La mudez que grita en los gestos. La verdad incontestable de una mirada, definida en el más sencillo y revelador parpadeo.

Y sobra cualquier adjetivo, no hacen falta palabras. Todo verbo se vuelve impreciso. Ni siquiera pronombres  bastan. Al final resulta que hay algo tan universal, tan cierto y grande cuando nos comunicamos, que a veces hasta cuando no queremos decirlo, lo expresamos. Y sólo basta estar atentos para entenderlo, eso que no se escribe, ni se lee, si se habla. Por encima de cualquier lógica y a pesar de toda norma, se entiende, se descubre… se sabe, se siente.

Grela Bravo

Psicóloga y escritora española

articulartemail@gmail.com

www.articularte.com